Gestión del cambio educativo: desafíos, persistencias y resistencias

¿Por qué hablamos de cambio? ¿Qué es lo que está sucediendo en el entorno social?

Hay un nuevo conocimiento que se acelera y que no está en las tradicionales enciclopedias, que se está construyendo contemporáneamente y que incluye, pero que también trasciende, a la propia escuela.

El Ministro de Educación de Jujuy le decía ayer a un grupo de alumnos que recibían sus netbooks “cuando ustedes nacieron, llamar a Tilcara requería esperar cinco horas para que la operadora avisara si había logrado contactarte con tu familiar que vive allí. Ahora es instantáneo”.

Nuestros chicos quizá no sepan que venimos de un mundo anterior donde esto no era posible, en cambio, nosotros sí sabemos sobre la transformación inédita a la que nos convocan hoy las tecnologías disponibles. Somos conscientes que tenemos la misión de conducir y gestionar el cambio necesario, ahora en contextos digitales, para asegurar la calidad de los servicios educativos que brindan nuestras escuelas.

Peter Drucker (1909-2005), uno de los autores más importantes sobre la administración, decía que “los resultados de las organizaciones públicas están afuera de ellas, jamás adentro” visión que armoniza con las conclusiones que acabamos de identificar en el video de Leithwood sobre el papel del liderazgo en los aprendizajes logrados, evaluando cuáles competencias deben adquirir nuestros alumnos para su desarrollo y su propio quehacer social.

El liderazgo es lo que habitualmente llamamos conducción educativa o dirección educativa. El proceso por el cual el liderazgo se practica y expresa en la gestión de una organización concreta, se llama gestión del cambio, en nuestro caso la gestión del cambio dirigida a incorporar las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) como aceleradoras y motores de mejores aprendizajes.

Los directivos con visión estratégica probablemente se sienten muy gratificados por las innovaciones espontáneas de un docente en un aula, o de un grupo de alumnos que por su cuenta hace una innovación, pero no se quedan tranquilos con lo anecdótico y casual. Si son líderes, se proponen que esas experiencias sean la base de un proceso estable y generalizado de producción de innovaciones para mejorar la calidad educativa, para recuperar el orgullo por todo lo que muestran saber los alumnos y que no sabían cuando iniciaron sus trayectorias de aprendizaje escolar.

Para liderar un cambio, tenemos que considerar tres factores, ninguno de ellos neutral:

  • El primer factor son los desafíos. Los desafíos están emparentados con las competencias a adquirir, las que se van a edificar sobre las competencias que ya hemos desarrollado. ¿Cuáles son las capacidades que debemos incorporar para impulsar exitosamente el proceso de cambio?
  • El segundo factor son las persistencias, originadas en ese conjunto de competencias que se han ido desarrollando durante la trayectoria profesional. Esos saberes a los que no podríamos renunciar porque son la médula del rol que desempeñamos. Ni la netbook va a reemplazar al profesor, ni al líder o directivo. Ni el conocimiento de internet va a remplazar el diseño curricular planificado que hace progresivos los aprendizajes y la democratización social del conocimiento. En eso vamos a persistir.

Esas competencias adquiridas son de doble índole, son las que los directivos y docentes han adquirido durante su propia formación y experiencias. Y son los aprendizajes de nuestras instituciones, las que son estables, ya que todos nosotros trabajamos en instituciones burocráticas.

Las instituciones burocráticas (entendida la palabra “burocracia” como sustantivo) representan un modelo de gestión que confía en la administración profesional. Nuestras escuelas son parte de la burocracia profesional y estas instituciones no fueron diseñadas para cambiar. Fueron diseñadas para persistir, para hacer de un proyecto educativo como el que hizo prestigiosa la educación argentina, un proyecto de 100 años; también capaz de seguir la trayectoria de los alumnos desde que ingresan al sistema tempranamente e ir documentando sus progresos y certificaciones por grado, por cohorte, por nivel. Capaz de acumular en el legajo de los docentes sus desarrollos de carrera. Capaz de asegurar memoria y continuidad de la gestión social de los aprendizajes.

De modo que la persistencia está en los genes de la institución escolar. Nuestras propias competencias y las competencias de nuestras organizaciones son persistentes. Por ello es que nuestra escuela no se va a modernizar porque tengamos cuatro o cinco docentes, o cuatro o cinco, o quince alumnos a los que se les ocurrieron innovaciones, que a todo el resto no. Se va a modernizar porque desde la conducción del sistema organizacional se impulsa una actualización de las herramientas con las que estamos buscando la mejora de la educación pública.

Ustedes tienen una biblioteca física donde habrá diez autores  o más para determinado tema, pero con el Conectar acceden a través de la netbook al mundo de internet donde podemos buscar más fuentes, encontrar versiones diferentes, experimentos contrapuestos a los resultados que creemos probados, por ejemplo. Es decir lo que tenemos es acceso al mayor archivo de la cultura y de la ciencia para aplicar a nuestras mediaciones en el aprendizaje.

  • Por último un tercer factor, insoslayable en los procesos de gestión del cambio, son las resistencias al cambio. Son barreras naturales que es preciso desmontar, atravesar, para poder estabilizar las innovaciones.

En el camino a recorrer entre la persistencia en la que nos afirman nuestros saberes (nuestras  competencias) y los desafíos que demandan las nuevas competencias; podemos encontrar barreras naturales a saltear. Es estratégico considerarlas de antemano.

¿Por qué decimos que estas barreras son naturales? Porque son propios de los organismos vivos los   mecanismos de defensa.  Esas barreras constituyen lo que se denomina resistencia al cambio. Veamos esto con más destalle…

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Este texto es parte del Documento abierto del Taller. Equipos directivos en acción. Escuelas preuniversitarias, Ministerio de Educación de la Nación – Conectar Igualdad,  Jujuy, 29 de junio de  2012.

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